El timbaler del Bruc, el primer 'fakenewseador' español



La era de las fake news, lo que muchos autores resumen en ese postrero conglomerado de la posverdad, nos ha dado la posibilidad de eliminar nuestros filtros más escépticos para poder creer sin sonrojo cualquier exageración que, en el fondo, nos dé la razón y confirme nuestras peores sospechas sobre todo tipo de asuntos. Una especie de efecto Forer superlativo cebado por la confianza que, naturalmente, se otorga a la fuente que nos proporciona el hecho escandaloso. Un escenario en el que los ciudadanos parecen ser víctimas de una catalepsia transitoria bajo la que la extinta Cambridge Analytica y herederos dirigen nuestros destinos y, sobre todo, nuestros votos.

Las fake news han existido siempre, y como parte de la estrategia política, también. Aunque no hace falta retrotraerse a las historias de la Baja Mesopotamia, sí podemos reclamar al timbaler del Bruc como el primer fakenewseador español… Pero empecemos por el principio, que en realidad fue hace casi un siglo, uno después de las historias de nuestra Guerra de la Independencia. Podríamos afirmar que la dupla Whitaker-Baxter, de la ilustrísima consultora Campaigns Inc., fueron los primeros en formular una campaña electoral basada en la eficacia de las noticias falsas como estrategia movilizadora. Suya fue la campaña contra el candidato demócrata Upton Sinclair y su EPIC (End Poverty in California). Una serie de acciones bien coordinadas con unos medios de comunicación que propagaron a máximo volumen todo tipo de mentiras e historias increíbles sobre un candidato que, a muchos, acabó por dar verdadero terror.

No es que las fake news sean un elemento vintage que los consultores de comunicación se empeñen en poner en las campañas como quien sigue enviando a los hogares las (muy eficaces) cartas de propaganda electoral. En realidad, es mucho peor, pues los mecanismos causales que generan este miedo tan movilizador, esos psicofisiológicos que tanto nos gusta explicar y que han sido suficientemente estudiados, siguen mostrando su eficacia. Algo, cabe advertir, absolutamente esperable pues a la lenta mutabilidad del cerebro humano se le ha unido un socio fundamental: los canales no convencionales. De doble carpado y tirabuzón. Ya hemos hablado de esto en alguna ocasión, pero conviene recordar que, si viejas son las fake news, viejos son los mecanismos que las hacen tan eficaces. Descartada la erudición política en los ciudadanos, descartado también un estoicismo que sea capaz de mantenernos tan serenos que ni el más refinado mantra budista, terminamos siempre siendo presa de nuestros sentimientos. Tal y como Robinson, Jost y otros autores habían descubierto, la ansiedad y el entusiasmo resultan fundamentales para la participación política. Si bien es cierto que el entusiasmo nos ayuda a reforzar nuestras posiciones políticas preconcebidas, incluso incrementa nuestra probabilidad de participar en política, la ansiedad hace todo lo contrario. Una premisa que se basa en un mecanismo causal desencadenado por la activación del córtex dorsal medial.

El éxito de las fake news no está en hablar mal de una candidata o destruir a un ministro. Es algo más complejo, necesita crear un circuito informativo por el que los ciudadanos puedan transitar. Motivo este por el que esos canales no convencionales han multiplicado sus posibilidades (aun siendo muy difícil cuantificar y discutida su capacidad de movilización y conversión). Lo primer es buscar un hecho escandaloso de la víctima, generalmente algo asociado a un estereotipo o un elemento negativo muy arraigado en la cultura popular. Si el ciudadano desconfía de la fuente, no cree la información o, simplemente la descarta por exagerada, probablemente nada sucederá (incluso puede reforzar su apoyo a esa víctima). Pero si el ciudadano duda… tendrá que acudir a campo abierto para encontrar una información que ratifique o desmienta lo que él ya sabía... momento clave para las fake news. El bombardeo constante sobre la víctima acabará por destruir las creencias preconcebidas del ciudadano quien, además, en ese circuito informativo, recibirá informaciones adicionales sobre otro candidato capaz de mantenerlo a salvo. Si el ciudadano encuentra consuelo en ese nuevo candidato, el córtex dorsal medial procesará su creencia anterior como un error y, mediante un razonamiento inferencial, tomará una nueva decisión tan voluble como la anterior, salvo que siga martilleándose ese cerebro de manera constante.

Teoría y práctica que en nuestro país inauguró nuestro timbaler del Bruc cuando mostró su pericia a la hora de crear noticias falsas. Una apariencia de realidad a golpe de tambor que los soldados franceses tomaron como cierta, dudado de su posición y dejándose llevar la ansiedad. La ausencia de una fuente autorizada y fiable, con información veraz sobre la verdadera dimensión de las unidades del ejército español desplegado, hicieron que los mandos franceses y sus soldaros confiaran más en la reverberación de las paredes de Montserrat que en sus informaciones previas. Todo un éxito para el Cambridge Analytica de la época, que no necesitó ni un millón de perfiles ni la mas sofisticada de las microsegmentaciones, solo un sencillo tambor. De leyenda… como el bueno de Isidre Lluçà i Casanoves.


2 comentario(s)

cdiane | 3 de septiembre de 2018, 18:06
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cdiane | 3 de septiembre de 2018, 18:17
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