Diario de campaña: la pinza



Si hay una palabra de moda en los últimos años en la política española esa es la de sorpasso. A estas alturas, todos sabemos que este término, de origen italiano (con película de Dino Risi), empezó a aplicarse para describir la posibilidad de que el Partido Comunista Italiano de Berlinguer, superase a la Democracia Cristiana de De Gasperi en las elecciones de 1976. Finalmente, el adelantamiento no se produjo, pero el concepto quedó para la historia. En cualquier caso, más allá de la parte más estética, que un partido supere a otro en un sistema electoral más o menos estable, está la ruptura de la hegemonía de una fuerza política. 

Un concepto que empezó a ponerse de moda en España gracias a Julio Anguita, ese hombre reciclado, en la década de 1990, ante la posibilidad de que IU superase al PSOE como principal fuerza política de la izquierda. Es decir, que IU rompiese con la hegemonía de un Partido Socialista que venía sumando mayorías absolutas desde 1982. La clásica confusión entre deseo y realidad pues, a pesar de los magníficos resultados de los comunistas, 21 escaños en las elecciones de 1996, la posibilidad de superar en votos y escaños al PSOE se diluyó hasta épocas recientes. 

La particularidad del sorpasso español es el nacimiento de un contratérmino: la pinza. El PSOE, principal damnificado del adelantamiento de IU, empezó a hablar de la pinza, es decir, de la estrategia conjunta de PP e IU para acabar con la base electoral de los socialistas. Un pacto de no agresión entre ambos partidos, de campañas coordinadas, apoyo mutuo en los medios de comunicación y constantes ataques al PSOE… comunistas y conservadores en una conspiración judeomasónica (aunque esta vez no en Múnich) que dirigían, por aquel entonces, José María Aznar y Julio Anguita. Fuera o no cierta, como ya hemos dicho, la pinza sirvió de poco pues, aunque el PSOE perdió aquellas elecciones, lo hizo por la mínima (continuó siendo la fuerza hegemónica de la izquierda). Pelillos a la mar, sobre todo para las elecciones de 2000, cuando fueron PSOE e IU quienes formalizaron un pacto (de escasa dimensión y recorrido) para concurrir conjuntamente a las urnas. Nuevo fracaso. Mala tradición tienen los pactos estatales en España… 

Como el sorpasso demoscópico ya planea por los cielos de España, el PSOE ha reciclado la pinza. Los socialistas podrían dejar de ser la primera fuerza de la izquierda y como estrategia de defensa acusa a Unidos Podemos y PP de trazar una estrategia de acoso y derribo. Significativas las palabras de Javier Fernández, el líder socialista asturiano, con una mezcla entre guerracivilismo con su «No pasarán!» (incluyendo en esta ocasión a UP) y el «PSOE no es el Pasok». Todavía no conocemos el alcance de esta estrategia de movilización, tendremos que verlo en la próximas encuestas, aunque a juzgar por el antecedente de 2015 no parece que sea suficiente. 

La novedad en esta pinza la aporta Ciudadanos, con un Rivera que solo ve pactos de no agresión entre Rajoy e Iglesias en los debates y, por extensión, en todo lo demás. Un nueva conspiración de comunista (ahora socialdemócratas auténticos) y conservadores, para dejar fuera del juego político a socialdemócratas (ahora los socialdemócratas que no son de Unidos Podemos) y liberales (¿es la mejor etiqueta para Ciudadanos?). Un lío del que tiene que salir un gobierno de coalición, o al menos uno con los suficientes apoyos parlamentarios, pero ese ya será asunto del 21J.

Los votantes socialistas de la década de 1990 asustados porque venían los comunistas ya no son suficientes para mantener la hegemonía del PSOE. Puede que sea más arriesgado pasar una estrategia defensiva a una ofensiva, pero puede que también se más eficaz dado el exiguo éxito que tiene no hacer nada más que mentar a la bicha

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