75 años de la 'Noche de los cristales rotos'



En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 una serie de acciones coordinadas en Alemania y Austria desembocaron en uno de los pogromos más recordados de la historia y que está considerado como el inicio del genocidio que la Alemania nazi cometería contra la población judía de Europa. El asesinato de un joven funcionario alemán en la Embajada de este país en Alemania a manos de un polaco de origen alemán fue el detonante.

Presentado como una acción espontánea de la ciudadanía, muchos de los comercios y oficinas de los judíos de Alemania y Austria, así como una multitud de sinagogas y miles de domicilios, fueron atacados en lo que se conocería posteriormente como la "Noche de los cristales rotos" o "Kristallnacht". Un par de días antes en París había sido asesinado Ernst vom Rath, secretario de la Embajada alemana en la mencionada ciudad, a manos de Herschel Grynszpan, un joven judío polaco de origen alemán. Grynszpan vivía en la capital francesa cuando su familia, que residía en Alemania, fue detenida y deportada por la Gestapo a Polonia. Una vez llegaron a la frontera polaca las autoridades de este país negaron el acceso a su familia y a otras 12.000 personas. Junto a otros miles de refugiados fueron concentrados en la pequeña ciudad de Zbąszyń, lugar desde el que la familia Grynszpan se puso en contacto con Herschel para contarle la penosa situación en la que se encontraban y solicitar su ayuda. El 7 de noviembre de 1938 el joven Herschel compró un revolver con casi todo el dinero que tenía, se dirigió a la Embajada alemana en París y solicitó ver a un funcionario cualquiera. Ernst vom Rath, un joven licenciado en Derecho miembro del Partido Nazi y de las SA, fue el primero en atenderle, momento en el que Herschel Grynszpan sacó su arma y disparó cinco tiros a bocajarro. Vom Rath fallecería dos días después. Sus restos mortales fueron trasladados en un tren especial con todos los honores hasta Düsseldorf, donde fue enterrado en presencia del Canciller Adolf Hitler quien presentó al joven funcionario como un mártir de la causa y un héroe del Tercer Reich. Por su parte, y tras un proceso judicial en el que fue condenado, Grynszpan fue encarcelado en la prisión de Magdeburgo donde murió probablemente asesinado.

La presentación de este asesinato como un hecho fortuito (o un suceso político), tal y como acabamos de hacer, fue discutido por muchos (todavía es motivo de controversia), relacionándolo con un crimen pasional. De hecho la defensa Grynszpan se basó en este supuesto. El Nobel de Literatura Andre Gide, y otros muchos, siempre apuntó a la existencia de una relación entre ambos jóvenes negando la tesis del asesinato fortuito o político. Según contaba, Ernst vom Rath conoció en un bar de París a Herschel Grynszpan, de quien se enamoró y con quien mantuvo una relación clandestina. Siguiendo con esta hipótesis, Grynszpan intentó hacer uso de su relación con vom Rath para conseguir los papeles necesarios para traer desde Alemania a su familia. Tras la deportación de los Grynszpan a Polonia y la negativa del joven funcionario nazi a reclamar a la familia de su compañero judío, Herschel decidió asesinarle. Una teoría que desmotaría cualquier propaganda de odio semita a los alemanes y que el Régimen nazi se ocupó combatir, y es que para la Alemania nazi este extremo era inaceptable por dos motivos. En primer lugar vom Rath habría violado las Leyes de Núremberg al mantener relaciones con un judío. Delito que se vería incrementado al tratarse de una relación homosexual (la homosexualidad estaba prohibida y perseguida en la Alemania nazi porque ‘no se reproducían y eso era contrario a los intereses de la raza aria’). En segundo lugar porque las políticas antisemitas iniciadas unos años antes necesitaban de algunos estímulos para poner en funcionamiento la maquinaria de persecución contra los judíos y nada podía interponerse.

Las evidencias de una relación entre ambos protagonistas siempre fueron débiles. El propio Grynszpan nunca reconoció este hecho y lo vinculó a la estrategia de defensa de su abogado, Vincent de Moro-Giafferi, que intentaba eliminar el componente político de su asesinato para ayudar a los judíos que ya estaban siendo perseguidos en Alemania y Austria. Goebbels, por su parte, lo calificó como la ‘típica mentira judía’ a la que no debían prestarle crédito alguno.

Independientemente de la veracidad de esta historia, este hecho fue empleado por la propaganda nazi para justificar el ataque de la noche del 9 al 10 de noviembre presentándola como una manifestación espontánea de los ciudadanos que deseaban vengar el asesinato de uno de los suyos por el ‘enemigo judío’. Sin embargo nada se dejó al azar, la operación fue ordenada por Hitler, coordinada por Goebbels y ejecutada por las SA, SS, Gestapo y Juventudes Hitlerianas. Más de noventa ciudades amanecieron con las calles cubiertas de los cristales rotos de los escaparates de los establecimientos de los judíos (muchos de ellos habían sido marcados previamente con advertencias racistas sobre sus propietarios), con las cenizas de miles de sinagogas y con la detención de unos 30.000 judíos que fueron conducidos a distintos campos de concentración como Sachsenhausen o Dachau

La propaganda nazi se mostró una vez más extremadamente eficaz en la deformación de la realidad para proyectar un mensaje intencional capaz de crear un escenario alternativo más útil a sus intereses. La presunta reacción del pueblo ante un ataque mostraba de manera inequívoca cómo debían comportarse los buenos alemanes y cómo debían tratar a los judíos en los albores de la ‘Solución final’. 

1 comentario(s)

Enrique Bermejo Dotor | 10 de noviembre de 2013, 22:49

Esa historia guarda bastantes paralelismos con la Guerra Civil Española y el nada claro asesinato de Calvo Sotelo. La historia siempre tiene estas cosas. Felicidades por tu artículo