Votos sin representación



Muchos apuntan a que uno de los indicadores que más fácilmente permiten observar la eficacia de un sistema electoral es su capacidad para transformar votos en escaños (otra consideración sería cómo se produce esa transformación), si el sistema electoral deja muchos votos sin representación. Dicho de otro modo, cuántos votos no tiene representación en la Cámara (los electores votan por una candidatura que finalmente no ocupa escaño). En algunos sistemas electorales es la barrera electoral la que provoca una primera pérdida de votos más allá del mecanismo de reparto establecido, sin embargo, en el caso español (dentro del sistema electoral del Congreso de los Diputados) la barrera del 3% es menos determinante que la magnitud de la circunscripción. Problema suficientemente tratado por Gallagher o Montero, los efectos pseudomayoritarios que desencadena un sistema con una magnitud media de 6,7 escaños por circunscripción parecen provocar una elevada pérdida de votos.

Los votos sin representación tradicionalmente se han analizado creando una 'falsa circunscripción nacional’ en la que los datos son observados en sus totales nacionales. Es decir, todos los votos que van a un partido que ha sacado al menos un escaño son considerados como efectivos, se entiende que alcanzan su propósito al enviar un representante a la Cámara. El problema es que, por ejemplo, un partido que cuenta con un total de 100.000 votos que se han obtenido en 10 circunscripciones, en cada una de ellas se ha logrado 10.000 votos, puede obtener un solo escaño (en una de esas diez circunscripciones). En esta lógica de la 'falsa circunscripción nacional’ se entendería que los 100.000 electores han alcanzado la representación cuando solo 10.000 han elegido directamente a un representante y otros 90.000 han votado por una candidatura perdedora con la que no obtienen representación alguna. Por lo tanto, para ajustar con precisión la afirmación que dice que España tiene un sistema electoral (para el Congreso de los Diputados) que pierde pocos votos, cabría revisar el reparto que se produce en cada circunscripción y el número de electores que vota por una candidatura ganadora. Mucho más en un sistema en el que, como hemos dicho anteriormente, la mayor parte de las circunscripciones tiene una magnitud que produce una serie de efectos pseudomayoritarios que provocan que los escaños se repartan, por regla general, entre dos partidos.

En un primer vistazo, revisando todas las elecciones al Congreso de los Diputados, si observamos los datos de lo que hemos denominado ‘falsa circunscripción nacional’ podremos ver una mayor eficacia de los votos a la hora de obtener representación. Sin embargo, si revisamos circunscripción a circunscripción cuántos votos han ido a candidaturas que han ocupado finalmente algún escaño (Votos Con Representación – VCR) y cuántos no (Votos Sin Representación – VSR), los datos ofrecen una realidad diferente. 


Si atendemos al porcentaje de votos en uno y otro caso, los datos revelan una evidente pérdida de votos cuando revisamos los resultados por circunscripciones en lugar de en sus totales nacionales. 


Sin duda, en lo que tiene que ver con el comportamiento de los partidos políticos, uno de los elementos más interesantes es ver a qué organización ha afectado de manera más notable esta pérdida de votos. Así, tomando únicamente los partidos de ámbito estatal (mientras han tenido representación en el Congreso), presentamos los siguientes datos.


Algunos partidos concentran una importante cantidad de votos que no logran colocar ningún escaño en el Congreso. En algunas ocasiones se debe a la obsesión de los partidos de ámbito estatal por presentar candidaturas en todas las circunscripciones en un intento de demostrar “músculo” organizativo y extender su discurso por todo el territorio aún cuando no hay opciones reales de competir por un escaño. Significativo, en este sentido, es el paso de AP de una pobre implantación territorial (inicia su extensión a finales de la década de 1970 con una importante cantidad de votos sin representación) a un partido con fuerte presencia en todas las circunscripciones (a partir de la década de 1980 la mayor parte de sus votos se tornan en efectivos en el momento en el que empiezan a materializar una implantación territorial que coincide con el hundimiento electoral de UCD). El PSOE, por su parte, desde un primer momento, goza de una buena distribución de su electorado en todo el territorio, lo que le permite competir electoralmente en todas las circunscripciones desde las primeras elecciones democráticas (aunque no consiga representación en todas ellas).

En la siguiente tabla podemos ver en cuántas circunscripciones se presentan los cuatro partidos de ámbito estatal, en cuántas obtienen representación, en cuántas no y el número de escaños en cada elección. De este modo podremos tener una primera visión que nos permita avanzar si existe una relación entre los votos con o sin representación y el número de circunscripciones a las que se presentan.


De estos cuatro partidos dos de ellos han manifestado sus quejas por la ineficiente transformación de votos a escaños derivada de la configuración del sistema electoral, principalmente en lo que se refiere a la circunscripción, alegando que si hubiese una circunscripción nacional su representación en la Cámara mejoraría notablemente, ajustándose de mejor modo el porcentaje de votos obtenidos al de escaños que ocuparían en el Congreso. Ello hace tan interesante el cuadro anterior, pues nos permite ver, en combinación con los dos siguientes, cómo tanto IU y UPyD se presentan en un buen número de circunscripciones en las que no obtienen representación alguna. En el caso de IU, con un mayor recorrido dado su antigüedad en el sistema de partidos, tiene una media de 7,72 circunscripciones con representación. Un número de circunscripciones en las que obtiene representación que puede resultar insuficiente de cara a la mejora de los resultados totales, pues sus resultados más óptimos los obtiene cuando consigue 'puntuar' en al menos 11 (en las elecciones de 1996 logra su mejor resultados con 21 escaños en 13 circunscripciones).

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A pesar del alto porcentaje de votos sin representación que presentan estos dos partidos, el elevado número de circunscripciones en las que están presentes y en las que no consiguen obtener representación plantea una pregunta: ¿llegan en la mayoría de los casos a superar la barrera electoral? ¿El umbral efectivo? Quizás por ello merece la pena detenerse en el rendimiento electoral de estos dos partidos en las últimas elecciones.


En la mayor parte de las circunscripciones en las que tanto IU como UPyD no consiguen escaños, ambos partidos se encuentran en una posición en la que superan la barrera electoral, en casi todos los casos lo hacen, pero sin posibilidades de superar el umbral efectivo, es decir, no compiten realmente por el reparto de escaños. El número efectivo de partidos y la fragmentación hablan (casi con la única excepción de las circunscripciones vascas y catalanas y aquellas con una magnitud superior a la media) de una fuerte competición bipartidista (teniendo en cuenta que en 2011 se ha producido un descenso de la importancia relativa de PP y PSOE debido al descenso electoral de los últimos) que se ve acentuada por los efectos pseudomayoritarios descritos anteriormente. Es decir, los buenos resultados que IU y UPyD muestran a nivel nacional y la distorsión aparente que presenta su marcada infrarepresentación en el Congreso, no lo es tanto desde el punto de vista electoral si revisamos los resultados circunscripción a circunscripción, esto es, el ámbito real de reparto de escaños. Cabe, además, estudiar la efectividad que se produce en la traslación de votos a escaños (comparando porcentajes) en aquellas circunscripciones en las que ambas formaciones obtienen representación. Estos son los resultados para las elecciones de 2011.


Lejos de producirse una fuerte distorsión, lo cierto es que la traducción de votos a escaños se ajusta dentro de lo esperado. Tanto IU como UPyD obtienen sus escaños en circunscripciones con una magnitud más elevada que la media, se reparten más escaños, lo que permite al método D’Hondt mitigar ‘sus correcciones’ (al menos parte). No obstante, y como puede verse en la tabla anterior, si establecemos ese reparto de escaños en la ‘falsa circunscripción nacional’ el resultado mostrará una manifiesta infrerepresentación. Ante esto caben distintas posiciones críticas respecto a las constantes críticas que IU y UPyD hacen del sistema electoral español, interpelándoles para que hagan una mejor ingeniería electoral y no se presenten en circunscripciones en las que jamás obtendrán un escaño (ahorrando recursos que podrían emplear en otros territorios en los sí obtendrán escaños). Pero del mismo modo cabe tomar una posición crítica respecto a PP y PSOE (igualmente con CiU y PNV en sus respectivas Comunidades Autónomas) que han adaptado eficazmente sus estrategias electorales a las ventajas que esta arquitectura de circunscripciones con una reducida magnitud les ofrece y cuya mejora en el reparto pasa por una (aparentemente) inexistente voluntad de reforma.

El sistema electoral del Congreso de los Diputados, como hemos visto, produce un elevado número de votos sin representación, lo que provoca una distorsión en la distribución de escaños cuando observamos los datos en sus resultados totales. Independientemente de que pongamos de manifiesto una realidad en la que los dos partidos más afectados, IU y UPyD, en una gran número de circunscripciones no compiten electoralmente con PP y PSOE, lo cierto es que los datos de votos sin representación totales (más del 60% los concentran IU y UPyD en 2011) exige una revisión del sistema de reparto de escaños.

[Los datos de los resultados electorales han sido obtenidos del Ministerio del Interior.]

1 comentario(s)

Francisco Reina Milán | 17 de noviembre de 2013, 17:32

No es sólo cuestión de infrarepresentación de ciertos partidos. Debemos notar también que el sistema proporcional que pide la Constitución en su artículo 68.3 no puede cumplirse con un número tan elevado de circunscripciones (50 provincias, más las ciudades autónomas)que obliga en las condiciones actuales a disponer de un número muy bajo de escaños a repartir en la mayoría de ellas, creando un fraude en la práctica en lo que a proporcionalidad se refiere. Sin contar con que los diputados rara vez toman parte por su circunscripción contra los dictámenes de la cúpula de su partido, lo que deslegitima a mi parecer el modelo de circunscripción actual, basado en una supuesta representatividad de todos los territorios. Esta función debería recaer (y por tanto, este tipo de circunscripción) en el Senado, tan ineficiente hoy en día.