Madrid y sus 43 distritos electorales


The Gerrymander, caricatura de Gilbert Stuart (1812)
Una ola reformista recorre la mayoría de los sistemas electorales autonómicos. Los partidos buscan ofrecer repuestas a las constantes críticas que reciben los modelos actuales. Muchos políticos, baja representatividad, poco control, introducir nuevos canales de participación, aumentar y mejorar la relación entre representantes y representados… una serie de elementos que conjugan difícilmente con el modelo heredado del sistema electoral del Congreso de los Diputados. Las Autonomías se han convertido en un banco de pruebas. Propuestas que van desde la reducción del número de escaños de la Cámara, afectando a la proporcionalidad, a la eliminación de circunscripciones para aumentar la magnitud y mejorar el reparto de escaños.

Una de las propuestas recurrentes es la reforma del sistema electoral de la Comunidad Madrid. Que además coincide con los trabajos de actualización del Estatuto de Autonomía. El sistema electoral de la Comunidad de Madrid es sencillo. Circunscripción única, 129 asientos, lista cerrada y bloqueada, 5% de barrera y d’Hondt para el reparto de escaños. Una magnitud que ofrece una elevada representatividad y que mitiga, en parte, los efectos correctores de la fórmula aplicada que favorece las opciones mayoritarias. Un sistema que ha dado en las últimas cinco Legislaturas gobiernos monocolores y una enorme estabilidad (salvo la VI Legislatura).

Dentro de la nueva corriente de revisionismo de los sistemas electorales, como decimos motivados por las constantes críticas a los representantes políticos, el Partido Popular realizó una primera propuesta de reforma electoral. Un modelo mixto en el que se combinaba un sistema proporcional y uno de elección directa. Idea que ha recuperado presentando una doble propuesta. Por un lado la ya clásica reducción de escaños. Pasando de 129 a 100 ó 99 (hasta un mínimo de 65). En un intento de 'ahorrar políticos'. Menos representantes en la Cámara, lo que se traduciría en una reducción de la proporcionalidad.

En segundo lugar, el PP propone una reforma de carácter integral. Asignar los asientos de la Asamblea a través de dos métodos de elección. Dos tercios de los escaños elegidos de manera proporcional conservando el modelo actual. Y la creación de 43 distritos electorales para la elección del tercer tercio por el sistema mayoritario.


La creación de estos distritos electorales responde a la premisa de mejorar la relación entre representantes y representado. Al tener un mayor control sobre la elección se presupone que el representante tendrá un mayor contacto con quienes le han elegido y desean le vuelvan a elegir. Sin embargo, y pese a la defensa de esta configuración, no se produce un automatismo. Por ejemplo, si los distritos son demasiado grandes puede diluirse esa relación. En la propuesta de división del PP se dibujan grandes áreas geográficas (fuera de la capital que queda dividida en los distritos administrativos actuales) que comprenden, aproximadamente, unos 150.000 habitantes. Por lo que esta mejora en la relación directa con los representantes podría verse fácilmente difuminada. ¿Cuántos municipios hay en España con menos de 150.000 habitantes? ¿Es perfecta la relación entre estos representantes y representados en estos municipios? Por ejemplo en la provincia de Soria, con menos de 150.000 habitantes, ¿es perfecta la relación con los senadores que elige directamente?

Ya han surgido las críticas a esta propuesta acusando a los populares de querer prefabricar una mayoría con los efectos mecánicos previstos en el sistema electoral. Si el PP es el partido más votado en casi todas las regiones de Madrid y se reparten 43 asientos por el sistema mayoritario, está claro que se haría con casi todos estos escaños. Lo que blindaría su mayoría. Respecto a este extremo cabría recordar las viejas reglas de Rae sobre las mayorías en los sistemas de partidos y sus relación con las fórmulas electorales. Con casi el 52% de los votos a candidaturas (el partido más votado en 175 de los 179 municipios de Madrid y en 20 de los 21 distritos de la capital) es claro que la del PP no tiene una mayoría prefabricada (o también tendríamos que entender que la falta de alternativa política en las últimas elecciones es igualmente prefabricada). Por lo tanto, más que un gerrymandering, se trataría de un intento de cristalizar una situación ventajosa. Lo que no quiere decir que sea inmutable en el tiempo y que el nuevo escenario político, que además coinciden con un cambio de líder en sus filas, no ofrezca incertidumbres.

Aunque un sistema con distritos uninominales puede mejorar las relaciones con los representantes políticos y la rendición de cuentas (sin llegar a un mandato imperativo) no hay que confundir la representación de la mayoría con la representatividad de la sociedad. Si bien es cierto que el método mixto puede garantizar la proporcionalidad, el diseño previsto puede caer, aún más, en una sobrerepresentación de las fuerzas políticas con mayores apoyos electorales. Que seguirían recibiendo el encargo de gestionar la vida política. Sin duda un punto de interpretación ideológico decidir qué es más importante, si una representación menor que asegure la gobernabilidad, o la participación de la mayoría para lograr altas cotas de representatividad pero negociaciones más complejas para la formulación de políticas (lo que no es sinónimo de ingobernabilidad). Es decir, hay que optar por iniciar un viaje hacia un sistema mayoritario (o pseudomayoritario) o profundizar en el modelo proporcional.

No obstante, que un partido sea la opción preferida del electorado no garantiza, en absoluto, el éxito electoral en un sistema mayoritario. En la tradición electoral española, marcada por este tipo de modelos de elección, los partidos con menores opciones pronto comprendieron la necesidad de formalizar coaliciones con las que concentrar su electorado y maximizar sus opciones ante candidaturas que gozaban de un mayor apoyo y las ventajas del sistema. Una estrategia importada que se puso en funcionamiento en el último tercio del S.XIX con la Unión Republicana y que ha llegado, con mayor o menor éxito, a los tiempos de democracia. Por lo tanto, lo que a priori puede ser una ventaja competitiva para unos pocos, puede convertirse en un fortaleza para aquellos que sepan leer adecuadamente las reglas. Nunca hay que dar nada por supuesto. 

Por lo tanto, en caso de prosperar esta reforma, para evitar el ‘éxito arrollador’ del PP que provoca resistencias en las fuerzas de la oposición, los demás partidos (o la mayoría de ellos) tendrían que concentrar sus apoyos y optimizar sus posibilidades a través de coaliciones electorales. Algo que no parece, al menos de momento, sencillo. Si bien el PSOE, que lleva años desaparecido en combate en Madrid, podría tirarse a cualquier salvavidas, IU lo tiene algo más difícil. Después de una activa campaña contra los males del bipartidismo y de recriminar al PSOE sus políticas de derechas (junto con las buenas expectativas que indican todas las encuestas), se complica el posible acuerdo. Ya no tendría que jugar el rol de partido pequeño que se alía con el grande para ver si así consigue posicionarse en el mercado electoral.

Finalmente, y tras esta nueva propuesta, solo cabe esperar una contrapropuesta o las alegaciones a esta. Nada que sea capaz de convencer a todos. No hay sistema electoral bueno, sino sistema electoral eficaz que cumple con los propósitos con los que ha sido formulado. Y el actual, hasta el momento, ha cumplido sobradamente. Veremos cómo dar respuesta al cambio de exigencias.

1 comentario(s)

el_situacionista | 29 de abril de 2013, 15:02

La reforma de los sitemas electorales es más necesaria que nunca. Sin embargo, como dijo aquél, tan importante es ser honrado como parecerlo:

El PP no debe sacar esta propuesta él solo apoyándose en su mayoría absoluta en la Asamblea. Debería avenirse a un pacto con las otras tres fuerzas parlamentarias e incluso a un refrendo de dicho pacto a través de la consulta a los ciudadanos. Cambiar las reglas del juego ha de conllevar más un trabajo por el consenso que no una propuesta técnica que, como bien dices, puede beneficiar a unos o a otros.

Ya lo demostraron los franceses: la derecha cambió el sistema y ganó la izquierda, quien volvió a cambiar el sistema y permitió una nueva victoria de la derecha.

Un saludo.